Mi primer día completo en Beijing fue un domingo de lluvia torrencial. Al día siguiente
debía dar una clase a estudiantes de doctorado en Tsinghua University. Estaba feliz, pero
también tenía miedo: ¿qué podía contarles sobre América Latina que realmente les
interesara?
Tengo que agradecer especialmente a Yuan Mengqi por abrirme las puertas de Tsinghua
y confiar en mí para conversar con sus estudiantes.
Mengqi había revisado mi presentación con enorme profesionalismo. Preguntó, criticó,
sugirió y me hizo pensar. Volví a mirar lo preparado en Buenos Aires —datos, política,
economía— y pensé que probablemente ya sabían gran parte de aquello.
Mi equipo estaba a 11 horas de diferencia, era domingo y Wi-Fi + VPN tampoco
ayudaban. Llamé a una querida amiga de la Cancillería del Perú y, conversando, apareció
la idea que terminó cambiando mi clase: ¿y si en lugar de explicar América Latina
empezaba por hacerla sentir?
Quería transmitirles algo que para mí es fundamental: América Latina no es un bloque.
Compartimos una región, pero no una misma historia, memoria, cultura política ni
manera de mirar el futuro. Y cuando la ideología se convierte en el único lente, corremos
el riesgo de dejar de ver las sociedades reales que queremos conocer.
Así que cambié la presentación.
Al día siguiente empecé haciéndoles escuchar música de México, Perú, Chile y
Argentina. Y se engancharon. Desde las canciones llegamos a los incas, la colonización,
Allende, las migraciones y las distintas memorias que todavía viven dentro de nuestras
sociedades.
La música me permitió mostrarles una América Latina menos explicada y más sentida, y
conversar sobre por qué compartimos una región y, al mismo tiempo, somos sociedades
tan diferentes. Porque la historia no es solamente pasado: sigue actuando en el presente.
Mientras avanzaba la clase los miraba. Escuchaban, tomaban notas, preguntaban y casi
no miraban sus celulares. Ahí entendí que la decisión de la noche anterior había
funcionado y el miedo fue desapareciendo.
Pensé también que algunos de esos jóvenes serán mañana investigadores y especialistas
que ayudarán a pensar la relación de China con nuestra región. Quizás conocer América
Latina no sea solamente estudiar indicadores económicos o posiciones políticas, sino
comprender nuestra historia, nuestras diferencias y las muchas sociedades que conviven
dentro de ese nombre.
Gracias, Yuan Mengqi, por confiar en que una mirada latinoamericana podía
aportar algo a tus estudiantes. La experiencia también me permitió conocer Science Park (TusPark), sede del Institute
for International and Area Studies (IIAS). Pero esa es la próxima historia.
Cada día en China me dejó una lección. Esta fue una de ellas. Porque comprender
China no es un viaje; es un aprendizaje continuo.
Nota de Nora D’ Alessio, vicepresidenta de D’ Alessio IROL.
