La inflación pierde centralidad en las preocupaciones.
Pero no mejora la vida cotidiana.
Mientras la preocupación por 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗹𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗯𝗮𝗷𝗮 de 𝟴𝟳% a 𝟰𝟬%, crece otra tensión: el 𝟱𝟱% 𝘀𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮𝗻𝗴𝘂𝘀𝘁𝗶𝗮 y el 𝟲𝟭% dice que 𝘀𝘂 𝘀𝗶𝘁𝘂𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗰𝗼𝗻𝗼́𝗺𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗲𝗿𝘀𝗼𝗻𝗮𝗹 𝗲𝗺𝗽𝗲𝗼𝗿𝗼́. La inquietud ya no es solo el precio. Es llegar a fin de mes.
𝗘𝘀𝗲 𝗰𝗮𝗺𝗯𝗶𝗼 𝗿𝗲𝗱𝗲𝗳𝗶𝗻𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀.
Esto es lo que aparece de manera consistente en nuestras investigaciones en 𝘿’𝘼𝙡𝙚𝙨𝙨𝙞𝙤 𝙄𝙍𝙊𝙇, tanto cuando analizamos el manejo del dinero como cuando observamos en qué se entretienen, cómo viven los patrocinios en el deporte, los viajes o incluso las salidas más cotidianas.
El 𝟵𝟵% 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗰𝗹𝗮𝘀𝗲 𝗺𝗲𝗱𝗶𝗮 modificó sus hábitos: el 𝟳𝟴% 𝗯𝘂𝘀𝗰𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 en supermercados, el 𝟲𝟬% 𝗲𝗻 𝗯𝗮𝗻𝗰𝗼𝘀 o medios de pago, el 𝟲𝟵% 𝗿𝗲𝗱𝘂𝗰𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗿𝗮𝘀 y el 𝟲𝟴% 𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗮𝘀 𝗺𝗮𝗿𝗰𝗮𝘀. Pero no es solo un ajuste. Es otra lógica: se decide para no desordenarse.
Las promociones dejan de ser oportunidad y pasan a ser defensa.
En este contexto, 𝘃𝗲𝗻𝗱𝗲𝗿 𝗯𝗶𝗲𝗻 𝘆𝗮 𝗻𝗼 𝗮𝗹𝗰𝗮𝗻𝘇𝗮. Las personas necesitan ordenar su vida en un escenario que perciben inestable. Y eso cambia lo que esperan de las empresas.
𝗡𝗼 𝘀𝗲 𝘁𝗿𝗮𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗼𝗳𝗿𝗲𝗰𝗲𝗿 𝗺𝗮́𝘀, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲: ayudar a decidir, dar previsibilidad y evitar problemas.
Y en ese punto aparece una deuda pendiente.
𝗘𝗹 𝟳𝟲% 𝘀𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼 𝗮𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗹𝗶𝗴𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗮𝗿𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗶𝗮𝗹, porcentaje que sube al 89% en billeteras no bancarias. La eficiencia está. La cercanía, no siempre.
𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝘀 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿 𝗮 𝗳𝗶𝗻 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝘀, 𝗲𝘀𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮.
Las personas necesitan saber que hay alguien del otro lado. Que escucha, que entiende y que puede hacerse cargo. No alcanza con parecer humano.
Los datos me permiten plantear una hipótesis clara: 𝙡𝙖𝙨 𝙢𝙖𝙧𝙘𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙢𝙚𝙟𝙤𝙧 𝙨𝙚 𝙥𝙤𝙨𝙞𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙣 𝙣𝙤 𝙨𝙚𝙧𝙖́𝙣 𝙡𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙢𝙖́𝙨 𝙞𝙣𝙘𝙚𝙣𝙩𝙞𝙫𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙘𝙤𝙢𝙥𝙧𝙖, 𝙨𝙞𝙣𝙤 𝙖𝙦𝙪𝙚𝙡𝙡𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙖𝙧𝙜𝙚𝙣𝙩𝙞𝙣𝙤𝙨 𝙨𝙞𝙚𝙣𝙩𝙖𝙣 𝙦𝙪𝙚 𝙢𝙚𝙟𝙤𝙧 𝙖𝙘𝙤𝙢𝙥𝙖𝙣̃𝙖𝙣.
