¿𝘘𝘶𝘦́ 𝘩𝘪𝘻𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘢𝘭𝘶𝘮𝘯𝘰𝘴 𝘥𝘦 𝘛𝘴𝘪𝘯𝘨𝘩𝘶𝘢 𝘵𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘳𝘢𝘯 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘦𝘭𝘰 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘢𝘴𝘢?
Todo comenzó cuando en el campus de Tsinghua voló por WeChat que la “profesora Nora” tenía una parrilla en su casa. Terminó en un asado, muchas preguntas y una certeza: es posible entendernos, aunque hablemos idiomas diferentes y no pensemos igual.
La relación con Tsinghua había comenzado en Beijing, cuando fui invitada a dar una clase a sus estudiantes de doctorado. Pero continuó, de una manera mucho más personal, 4 meses después y a miles de kilómetros de distancia.
Así fue como, un viernes a las ocho y media de la noche, llegaron a casa. Por supuesto, no iban a encontrar la parrilla vacía.
Compartimos un asado, brindis por la amistad, muchas risas y ese esfuerzo tan cálido de todos por entendernos, aun cuando no hablábamos el mismo idioma.
Después de cenar, sentados en el suelo, comenzaron las preguntas sobre la situación del país. No todos los días podían aprovechar la oportunidad de tener, solo para ellos, a Eduardo D’Alessio, presidente de nuestra compañía y analista de la realidad política y social argentina.
¿𝗖𝗼𝗶𝗻𝗰𝗶𝗱𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝘁𝗼𝗱𝗼? 𝗖𝗹𝗮𝗿𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼. Y hubo discusiones. Pero eso no era lo importante. Lo valioso fue poder preguntar, escuchar posiciones diferentes y conversar con atención y respeto.
Esa noche se confirmó que es posible entendernos, aun cuando venimos de culturas distintas, hablamos idiomas diferentes y no pensamos igual. Solo hace falta tener verdadera curiosidad por conocer al otro y disposición para escucharlo.
Nos acompañaron amigos muy queridos que ayudaron a que el diálogo entre el chino y el español fluyera con naturalidad: Wang Xiaoxu, ministro consejero de la Embajada de China en Buenos Aires; Yang Duozhou, agregado diplomático de la Embajada; Wenmo Jin, asesora de Yangsheng Tang; Carolina Wang, la primera abogada argenchina, y su familia; y Alejandra Conconi, hasta hace muy poco directora ejecutiva de la Cámara Argentino-China. Y conduciendo al grupo dos amigos de China Mengqi Yuan Abby), profesora del doctorado de Ciencias Políticas y Ma XIN a cargo del Centro de desarrollo de Carrera de la Universidad
Aquella noche, mi experiencia con China dejó de pertenecer solamente a mi vida profesional y entró también en nuestra casa y en nuestra familia.
A nosotros nos quedó gusto a poco. Y, por los mensajes que todavía sigo recibiendo por WeChat, sé que a ellos también.
𝗡𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲𝗱𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗮𝘀 𝗴𝗮𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗽𝗲𝘁𝗶𝗿𝗹𝗼.¿𝗦𝗲𝗿𝗮́ 𝗲𝗻 𝗕𝗲𝗶𝗷𝗶𝗻𝗴 𝗼 𝗲𝗻 𝗕𝘂𝗲𝗻𝗼𝘀 𝗔𝗶𝗿𝗲𝘀?
Nota de Nora D’ Alessio, vicepresidenta de D’ Alessio IROL.










Hay algo de Tsinghua que me quedó dando vueltas después de conocerla.
Tsinghua ocupa hoy el primer lugar entre las universidades de China según
ShanghaiRanking. Forma científicos, investigadores, empresarios y también
personas que algún día pueden ocupar responsabilidades importantes en el Estado.
Después de estar ahí quise entender mejor cómo funcionaba ese proceso y le pedí a Ma Xin, del Student Career Development Center, que me lo explicara.
Y encontré algo bastante diferente de lo que imaginaba.
El Centro no es simplemente una oficina que ayuda a los graduados a conseguir trabajo. Los acompaña para que conozcan sus capacidades y aspiraciones, pero también para que piensen cómo vincular sus decisiones profesionales con las necesidades de la sociedad y del país.
Su historia cuenta también algo de la transformación de China. En los primeros años de la República Popular, los graduados eran asignados a puestos según las prioridades nacionales. Con las reformas económicas, ese modelo evolucionó hacia otro en el que estudiantes y empleadores se eligen mutuamente.
Pero algo permaneció: la preocupación por orientar talento hacia donde el país considera que más lo necesita.
Una parte del trabajo de Ma Xin está dedicada precisamente a preparar y acompañar a estudiantes interesados en el servicio público, incluidos procesos de selección de ministerios del gobierno central y autoridades provinciales.
Y no se trata solamente de conseguirles una posición. Hay cursos, orientación individual, formación en liderazgo y trabajo de campo. Quienes piensan dedicarse al servicio público deben conocer China más allá de los libros: sus distintas realidades, sus instituciones y la vida cotidiana de su gente.
También buscan que algunos graduados elijan las regiones menos desarrolladas del oeste y nordeste del país. Para incentivarlos existen becas y otras políticas específicas. Y, en los últimos cinco años aumentó 44% el número de graduados que decidió trabajar en estas zonas más desafiantes.
Tsinghua habla de formar tres grandes tipos de talento: académicos líderes, líderes de la industria y pilares de la gobernanza pública.
No todos sus mejores estudiantes irán al Estado, por supuesto. Pero el servicio público es considerado uno de los lugares donde también es necesario atraer y formar a los mejores.
Y detrás de todo esto hay una pregunta que quizás explica mejor cómo piensan su tarea:
“¿Qué quiero hacer con lo que aprendí y qué quiero aportar a los demás y a la sociedad?”
Me hizo pensar que quizás formar buenos funcionarios no comienza cuando llegan al gobierno. Empieza mucho antes, cuando todavía están en la universidad.
Otra de esas ideas que me traje de China pensando cuánto podemos aprender unos de otros.
Nota de Nora D’ Alessio, vicepresidenta de D’ Alessio IROL.