¿Hay Plan V? Vidal le saca 12 puntos a Macri en imagen positiva

Según una encuesta de Berensztein y D’Alessio IROL, la gobernadora supera al Presidente. Carrió en segundo lugar. Peña acumula la mayor tendencia negativa dentro de Cambiemos.

 La gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, surfea la crisis económica de una manera distinta al resto de los dirigentes de Cambiemos y encabeza la tabla en la categoría mejor imagen positiva, incluso superando al presidente Mauricio Macri. La mandataria bonaerense le saca 12 puntos de ventaja en imagen positiva y vuelve a reflotar el debate sobre el mejor candidato del oficialismo para la reelección.

 Según un sondeo conjunto de las consultoras Berensztein y D’Alessio IROL, Vidal tiene un 48% de imagen positiva, ocho puntos por encima de Elisa Carrió (40%) y a 12 de Macri, que posee un 36% de imagen positiva y arrastra un 56% de imagen negativa.

 En tanto, la gobernadora Vidal cuenta con un 47% de imagen negativa y ese índice llega al 54% para la diputada de la Coalición Cívica. Los números de Vidal vuelven a poner bajo la lupa una idea que albergó el macrismo en plena corrida cambiaria, al calor del descenso de apoyo a la gestión y la figura del Presidente, como marcaron las encuestas. ¿Puede la gobernadora ser la candidata de Cambiemos en 2019? Tanto en la Casa Rosada como en la gobernación bonaerense niegan esa versión y advierten que, a pesar de estar por debajo de Vidal y Carrió, Macri aumentó el nivel deimagen positiva a raíz del “éxito” de la Cumbre de Líderes del G20.

 La tabla de imagen negativa por parte de Cambiemos la encabeza el jefe de Gabinete, Marcos Peña. El ministro coordinador posee una percepción negativa del 65%, según el sondeo realizado en noviembre en todo el país. El segundo lugar lo tiene la vicepresidenta, Gabriela Michetti, que arrastra un 61% de imagen negativa.

Publicado por Letra P el 14/12/2018

Encuesta: la economía continúa siendo la gran preocupación

Se conocieron cinco sondeos de opinión pública los cuales muestran un leve repunte de la imagen del presidente Mauricio Macri y su gestión. Es un dato clave para el gobierno ante un año electoral.

 ¿Lo peor ya pasó? La definición/interrogante que tortura al Gobierno nacional vuelve a irrumpir ñn de año, a partir de dos coincidencias estadísticas. Por un lado, las encuestas detectaron un leve repunte de las expectativas económicas; pero, por el otro, la inflación, las tarifas y el desempleo, entre otros, siguen al tope de las preocupaciones de los argentinos.

 El diario Clarín accedió a cinco sondeos de opinión pública que sostienen esta particularidad. Son relevamientos nacionales de Management & Fit, D´Alessio IROL – Berensztein, Opinaia, M&R – Query y Ricardo Rouvier & Asociados.

 Esta información es clave por un par de razones:

 1) Entre ñnes de 2017 y principios de este año, la caída de las expectativas económicas fue `el` dato que acompañó como pocos el derrumbe en la imagen del presidente Mauricio Macri. ¿Ahora puede estar ocurriendo algo inverso?

 2)A menos de nueves meses de las Primarias, el sentimiento de la gente respecto a su futuro, aseguran los analistas, incide en su tendencia devoto.

 Estas son las principales conclusiones de las encuestas Management & Fit El relevamiento nacional que hace la consultora M&F en exclusiva para el diario Clarín confirmó en la primera semana de diciembre un repunte en las expectativas económicas.

 El trabajo, conocido como `Indice de Optimismo`, mide la imagen del Gobierno de Mauricio Macri en materia política y económica, tanto la actualidad como la mirada a futuro. Los últimos datos marcaron una suba generalizada en el `Optimismo Político` y otra mejora en las expectativas del `optimismo Económico`. Lo explica el licenciado Juan Pablo Hedo, de M&F: `En materia económica, continúa el mejoramiento de las expectativas sobre el futuro de la economía, lo cual se refleja en un aumento de 1,2 punto sobre el sub-indice de expectativas económicas. Por el contrario, el índice que mide la confianza en la economía actual se mantuvo constante con un ancla importante en la variable precios, la cual se volvió 1,8 punto más pesimista`.

 `En términos de la política -continúa Hedo-, las expectativas se volvieron 1,7 punto más positivas y la evaluación del diagnóstico actual, un 1,6. Las mayores subidas se dieron en los indicadores que miran la percepción sobre la capacidad futura del Gobierno para resolver problemas (+2,6 puntos) y en aquel que indaga sobre la preocupación a la hora de gobernar (+2,9)`. D´Alessio IROL- Berensztein La consultora difundió días atrás el relevamiento que hizo durante todo noviembre. Fueron 1.439 casos en todo el país. El trabajo se llama `Humor Social y Político` y pondera diferentes variables. Cuando se lee la evolución de los datos sobre imagen económica, casi todos tuvieron un repunte. Siempre teniendo en cuenta que vienen de una baja muy pronunciada.

 Así, por ejemplo, cuando consultan a la gente cómo evalúa la situación económica respecto al año pasado, los que eligen `peor` caen de 92 a 89 puntos. O cuando les preguntan cómo suponen que será la situación económica dentro de un año, los optimistas suben de 34% a 37% y los pesimistas bajan de 63% a 58%. Esta firma es una de las que mide `los temas que más preocupan`. Y es clara la preeminencia de las cuestiones económicas. El ranking lo puntean `inflación`, `incertidumbre en la situación económica del país`, `aumento de la luz, el gas y otros aumentos` y `aumento en los impuestos y presión impositiva`. Opinaia Es otra de las encuestadoras que hace un monitoreo mensual de `Opinión Pública`. El mes pasado fueron 3.000 casos en todo el país.

 ¿Ejemplos? En dos meses (de setiembre a noviembre) cayó seis puntos la evaluación negativa sobre la `situación económica actual` (de 70% a 64%) y subió seis la positiva (de 23% a 29%). Además, repuntaron las expectativas: los que creen que la situación `mejorará` pasaron de 33% a 35% en el último mes y los que consideran que `empeorará` bajaron de 43% a 38%.

 De todos modos, se insiste: el repunte se da dentro de una situación delicada. Opinaia registró, por ejemplo, que más del 70% de sus consultados recortaron `mucho/bastante` los gastos para `ir a comer afuera` o `salidas como ir al cine, teatro, recitales`. M&R – Query Esta medición tiene como cara visible a Gustavo Marangoni, ex funcionario sciolista. Entre fines de noviembre y principios de diciembre relevaron 1.224 casos en todo el país.

 La consultora hace un seguimiento doble sobre la mirada en la economía: por un lado, la personal; por el otro, la general del país. Ambos mostraron una pequeña mejora. El `Indice de Economía Personal` pasó de 31 a 33,9 puntos; y el `Indice de Economía Argentina`, de 30 a 31,4.

En el trabajo de esta firma también se muestra la preponderancia de la preocupación por los temas económicos: lideran la inflación (38%) y el desempleo (30%). Tercero y cuarto aparecen, lejos, inseguridad (15%) y corrupción (12%). Ricardo Rouvier & Asociados Este consultor, que trabajó durante años para el kirchnerismo y sigue acercando sus estudios a Unidad Ciudadana, presentó días atrás su monitoreo mensual, que extendió hasta los primeros días de diciembre para medir el efecto G20. Como adelantó el diario Clarín, además de confirmar la polarización electoral entre Cristina y Macri, hubo un impacto positivo en la imagen del presidente tras la cumbre internacional.

 Rouvier también registró una mejora para el Gobierno en un tema sensible: la suba de precios. Desde setiembre viene cayendo el número deentrevistados que considera que la inflación `no va a disminuir` (de 70,8% a 65,7% en noviembre) y en paralelo suben los que creen que `va a disminuir` (de 13,3% a 17,6%). CC EL RANKING LO PUNTEAN INFLACIÓN Y LA INCERTIDUMBRE EN LA SITUACIÓN ECONÓMICA.

Publicado por Los Andes el 12/12/2018

ENCUESTA D’ ALESSIO IROL: ¿QUIÉNES SON LOS DIRIGENTES MEJOR VISTOS POR LOS ARGENTINOS?

La Consultora D’Alessio IROL y Berensztein realizó un sondeo en el cual determinó cuál es la imagen de los principales referentes de la política argentina. Para ello, confeccionó un informe a partir del relevamiento de 1439 opiniones de argentinos de todas partes del país, en el mes de noviembre, que concluyó en las siguientes definiciones:

Fuente: D’Alessio IROL y Berensztein.

La única que continúa teniendo una imagen positiva neta, aunque la misma sea de 1 punto porcentual, es la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal; esto es, que entre el promedio de aceptación (48%) y de rechazo (47%), aún tiene un saldo positivo a su favor, siendo la única dirigente con esta característica.

Por otra parte, CFK, la principal referente en la oposición, tiene el apoyo de un tercio de los votantes (33%), sin embargo continúa cosechando más de 60% de rechazo; porcentajes similares a los de Mauricio Macri, quien tiene una aceptación de un 36% y una imagen negativa del 56 puntos porcentuales.

Fuente: D’Alessio IROL y Berensztein.

Respecto al voto incurrido en las elecciones de 2015, son “Vidal, Carrió y Macri” quienes “conservan las mejores posiciones entre votantes de Cambiemos”, según lo detallado por la Consultora.

Sin embargo, en los electores de la oposición, quienes son destacados son la ex presidenta CFK (63%), el legislador Pino Solanas (55%) y su par, Felipe Solá (46%).

Fuente: D’Alessio IROL y Berensztein.

Con respecto a otros líderes políticos, Roberto Lavagna es el mejor posicionado con más de la mitad de los argentinos apoyando su figura. Lo sigue, pero con un poco más de un tercio de la aceptación el médico Facundo Manes y el radical Ernesto Sanz (34%).

El que cosecha menos aceptación es Sergio Massa, quien encabeza la posible tercera fuerza electoral, Alternativa Federal, quien alcanza un 80% derechazo, sin poder romper la aceptación de un 10%.

Fuente: D’Alessio IROL y Berensztein.

Finalmente, respecto a su posición en octubre de 2015, es Lavagna quien capitaliza votos tanto de la oposición como del oficialismo, mientras que, quienes optaron por Cambiemos prefieren a dirigentes como Sanz (59%), Manes (50%), o López Murphy (44%); sin embargo, quienes optaron por la oposición, empatizan más con Lavagna (56%) y Randazzo (35%).

Publicado por Grupo la Provincia el 11/12/2018

La deuda de la democracia: no asumir que somos los dueños del problema

Para los argentinos, el mayor mérito de la democracia es haber desterrado los golpes militares. A 35 años de la asunción de Raúl Alfonsín, hay un fuerte consenso social de que el autoritarismo no conduce a nada positivo. Pero según un estudio reciente preparado por D’Alessio/IROL Berensztein, dos tercios de los que apoyan este sistema de gobierno tienen críticas sobre sus resultados: la principal es que permite la corrupción y la segunda es que no ha permitido generar logros en materia económica, lo cual a la larga solo profundiza la desigualdad.

 Pese a lo que afirman las conclusiones centrales del informe, la mayor demanda insatisfecha no es el combate a los negocios apañados entre el Estado y algunos empresarios, o el uso indebido de dinero público por parte de funcionarios de todos los niveles, sino la deficiencia en crear estabilidad económica o disminuir la pobreza.

 Por último, la misma encuesta califica a Raúl Alfonsín como el mejor presidente de estos años, con 37%, seguido por Néstor y Cristina Kirchner con 29% y 12%, y Mauricio Macri con 9%. Cuando la pregunta es por el peor presidente, la lista la encabeza Cristina con 42%, seguido por Macri con 38%.

 La encuesta permite hacer algunas lecturas. Una de ellas es que todos los valores que enaltecen la gestión de Alfonsín y hacen revalorizar la democracia, no condicen con lo que fue el factor que hundió su gestión: un gigantesco déficit fiscal financiado por el Banco Central que terminó en hiperinflación.

Lo que falta, y es probable que continúe faltando, es un sinceramiento sobre qué puede dar la democracia. Los argentinos se acostumbraron a vivir en un sistema al que le piden más de lo que le dan. Hasta que la sociedad no comprenda que esa brecha se debe cubrir con la generación de más recursos (ni con deuda ni con inflación), lo que celebraremos cada 10 de diciembre es un déficit que no terminamos de entender.

Publicado por El Cronista el 11/12/2018

Macri tras el G20: la hora del relanzamiento

El Gobierno cree que salió fortalecido luego de la Cumbre. Las encuestas y el efecto llanto: ¿obra de Durán Barba? Espaldarazo a Patricia Bullrich.

Los médicos tienen el tema bien estudiado. Según la ciencia, para llorar el humano primero tiene que absorber una gran cantidad de aire en los pulmones y, en esa pulsión, el sistema nervioso ordena a la laringe que permanezca abierta más allá de lo normal. Esa acción es la que provoca lo que se conoce como “el nudo” en la garganta, efecto típico que viene junto a los momentos sensibles. En la noche del sábado Mauricio Macri experimentó esa emoción y la consiguiente bocanada de oxígeno pero por dos carriles distintos: por un lado tuvo que respirar profundamente para que se le escapen unas lágrimas luego del show en el Teatro Colón, ante la atenta mirada de los mandatarios más importantes del mundo, y junto al llanto del Presidente ocurrió también una exhalación simbólica, que compartió el oficialismo entero además del líder del PRO, luego deuna victoria política tras tantos meses de malaria.

Ese fue el capital más importante que dejó la visita de los jefes de los Estados más fuertes del globo, reunidos por el G20: un gigantesco soplo deaire fresco con el que el Gobierno aspira a cerrar el año en paz.

Imagen. El día de las lágrimas, fue tan llamativa la situación que los priopios miembros del Gobierno sospecharon de alguna intencionalidad detrás de las lágrimas. Bien lo sabe Jaime Durán Barba, el gurú de Cambiemos. El ecuatoriano había logrado mantener el perfil bajo en el que se suele mover durante el show “Argentum”, agazapado entre los que llenaban la platea del Colón -tanto el analista como otros invitados aprovecharon que las butacas no eran numeradas para acomodarse-, pero luego de la emoción del Presidente las miradas se posaron sobre él. ¿Había sido una maniobra duranbarbiana? Incluso se lo llegó a preguntar un desconfiado miembro de la mesa más chica del Gobierno que también estaba en el Teatro. “No tuve nada que ver, fueron días intensos para Mauricio y lo debe estar expresando así”, contestó el consultor, aunque se divirtió con la pregunta.

De lo que si se convenció el equipo que trabaja la imagen del Presidente es que la foto del llanto de Macri en el balcón del Colón será recordada como una de las escenas más fuertes de su gestión. Entre esas personas se animan, incluso, a comparar las lágrimas a fines del G20 con el beso entre el líder del PRO y su esposa Juliana Awada tras el debate con Scioli en el 2015.

Luis Etchevehere, secretario de Agroindustria, le aseguró a esta revista que la emoción de Macri fue real. “Es que Mauricio estaba muy metido en toda la organización y también en el show, hasta había pedido ver algunos ensayos de la obra y había sugerido algunas ideas, como que sea un evento ágil y dinámico”, dice el funcionario, que tuvo mucha actividad en las reuniones bilaterales entre Argentina y China que culminaron con una promesa del gigante asiático de aumentar las compras de las materias primas locales.

El ex presidente de la Sociedad Rural tuvo una suerte que no todos en el oficialismo compartieron: varios ministros de la provincia de Buenos Aires y de Capital Federal mostraron su descontento por no haber estado incluido entre los invitados al Colón. Su enojo, encima, fue en aumento cuando las cámaras que transimitían el evento en vivo mostraron que había varios asientos disponibles.

Futuro. Luego de que Putin, Trump, Xi Jinping y el resto de presidentes abandonaran el país, la sensación generalizada que corrió puertas para adentro en el Gobierno fue de satisfacción y de esperanza. “Necesitábamos relajar, fue un año duro y largo pero con los frutos del G20 y con trabajo del Presidente y de todo el equipo esperamos que el que viene sea mucho mejor”, asegura el diputado Eduardo Amadeo. Sin embargo, las mentes más importantes del oficialismo prefieren ser más prudentes. “El G20 que organizamos fue un éxito y eso no lo puede discutir nadie. Pero que esto se traduzca en un voto de acá a ocho meses no es sencillo: a lo sumo va a ser un elemento bueno más que se va a tener que sumar a otros elementos positivos para convencer al votante”, asegura uno de los encargados de la estrategia oficial.

Sin embargo, Macri, al menos en público, se mostró exultante: en una reunión con su tropa en el museo de la Casa Rosada, el martes 4, el Presidente felicitó a todos por el trabajo y, con temas de Diego Torres sonando de fondo, aseguró: “Fue muy importante (el evento), porque ocurrió en un momento donde necesitábamos encontrarnos con el porqué de lo que estamos haciendo, fue una inyección para que confirmemos que vamos en el camino correcto”, aseguró ante la atenta mirada de varios funcionarios y de Patricia Bullrich, la ministra de Seguridad que salió fortalecido del evento internacional.

Ese día, un alto funcionario porteño, resentido aún tras el papelón de la final de la Copa Libertadores, se divertía criticando a Bullrich: “Ella quiere creer que porque le salió bien la organización del G20 se van a borrar todos los problemas que tuvo al frente de su cartera”. Fuego amigo.

Sin embargo, son varios los que prefieren mantener la calma dentro del Gobierno, y que recuerdan el caso de Felipe Calderón. El ex mandatario mexicano había auspiciado la Cumbre de Presidentes en el 2012, pero al mes del evento internacional su partido, el PAN, perdió las elecciones en su país. Hay otro elemento de la economía real que le juega en contra al optimismo amarillo: de los 19 países que integran el G20 -el otro miembro es la Unión Europea-, Argentina es el único que cierra el 2018 con una economía en contracción, y también consiguió el triste récord deser la nación con la inflación más alta del grupo.

No todas son buenas noticias, pero en la política muchas veces es más importante parecer que ser. Y lo que revelan la encuestas locales es que el trabajo de Macri y de los suyos en el G20 dio sus frutos. Según la consultora Management & Fit, el Gobierno detuvo la caída en su imagen que venía sufriendo durante todo el anteúltimo mes del año. De acuerdo a M&F, la percepción social de la situación económica mejoró un 1,2% en la última semana de noviembre, comparada a la tercera, y, de la misma manera, levantó un 1,4% la sensación respecto a la confianza política en el oficialismo.

En la encuesta que realizó la consultora D’Alessio IROL y Berensztein, un 35% opinó que la cumbre de líderes en Buenos Aires terminaría beneficiando al país, mientras que el 18% aseguró todo lo contrario. Ante la consulta de como habían evaluado la participación de Macri en el G20, los votantes de Cambiemos respondieron, en un 84%, que fue importante, mientras que los seguidores de CFK aseguraron, en un 76%, que resultó “intrascendente”. La grieta llegó hasta los eventos de magnitud internacional.

 El Gobierno, por estos días, festeja. Con la economía en crisis, a días del siempre traumático fin de diciembre, luego del papelón del frustrado Boca-River, y, en especial, tras un año que fue muy largo, con FMI y varias renuncias de funcionarios de por medio, el oficialismo finalmente pudo anotar un gol y, sobre todo, respirar aliviado.

Publicado por Perfil el 10/12/2018

Los mercados oscilan entre la desilusión, la desconfianza y el terror

“Mejor que prometer es realizar”, reza la máxima peronista. En el mercado financiero muchos opinan lo contrario. Añoran al Macri candidato, al que prometía la agenda de transformaciones estructurales. Esa reputación le facilitó la emisión de títulos públicos con los que navegó los primeros dos años de mandato y gracias a los cuales, paradójicamente, pudo postergar esas mismas reformas. A punto de cumplir tres años en el poder, el presidente más promercado de nuestra historia reciente generó, en la comunidad de negocios y en buena parte de su electorado, una profunda desilusión. Eso se verifica en el altísimo riesgo país, de 745 puntos, y en la floja demanda de títulos públicos. Antes de que el ciclo se revierta, tenemos meses de recesión por delante. Casi nadie espera que las cosas se modifiquen significativamente en el corto plazo.

 De cara al proceso electoral de 2019 impera en los mercados, a pesar de todo, el pragmatismo: la decepción con Cambiemos, ahondada por el improvisado manejo de la crisis cambiaria, constituye el escenario menos malo si se lo confronta con las opciones hasta ahora existentes: Alternativa Federal y, en especial, Unidad Ciudadana. Esto no implica que predomine nada parecido al optimismo respecto de un eventual segundo mandato del actual mandatario: “Imaginate otra gestión con una probable minoría en ambas cámaras, limitada por la restricción fiscal, imposibilitada de avanzar con la agenda de reformas, con un presidente ‘pato rengo’ y más disputas por su sucesión”, comentaba esta semana un avezado operador bursátil.

 Por su parte, el peronismo moderado genera en los mercados una confusión cercana a la desconfianza. Muchos inversores que tuvieron reuniones privadas con algunos de sus principales referentes salen entre sorprendidos y esperanzados por lo que escucharon. “Tienen en claro la necesidad de implementar reformas, incluyendo áreas políticamente sensibles como la laboral y la previsional”, contó un inversor europeo que participó en un evento previo a la Cumbre del G-20, en el que Nicolás Dujovne admitió que el principal riesgo es el político. Sin embargo, sobreviene la decepción cuando esos mismos líderes hablan en público, critican el programa con el FMI o, más aún, plantean posiciones ambiguas respecto deun eventual acuerdo con el kirchnerismo. “No entienden que tenemos que ganar la elección para gobernar: estamos en plena campaña”, afirmó uno de los integrantes de Alternativa Federal. Nadie desconoce la tradición de pragmatismo que siempre caracterizó al peronismo, con su histórico despliegue de tácticas y estrategias flexibles para llegar al poder y permanecer en él. Pero los gerentes de los fondos de inversión que monitorean dos docenas de países no tienen tiempo ni paciencia para contemplar detalles de la política doméstica. Ante la duda, prefieren vender.

 “Tenemos que trabajar todos para lograr la unidad del peronismo. Es difícil, pero el que no suma, resta y facilita el triunfo de Macri”, me dijo un exministro noventista, visiblemente rejuvenecido gracias a semejante desafío. En los mercados genera escozor la mera hipótesis de que los segmentos más racionales del justicialismo acuerden con Cristina, aunque nada se sepa o se imagine sobre el contenido de ese compromiso. En el Gobierno, por el contrario, la celebran: suponen que dicho pacto les permitiría polarizar la elección, pues los atributos ideológicos moderados y la construcción política embrionaria de Alternativa Federal quedarían rápidamente desplazados por los duros componentes del populismo autoritario que caracterizan a la expresidenta.

 A medida que se acerca el inicio del ciclo electoral y se mantienen las principales tendencias de opinión pública, la hipótesis de un posible retorno de CFK genera verdadero terror en el sector privado. Axel Kicillof intentando enviar señales de relativa moderación no produce ningún efecto positivo. Al contrario: la chance de que vuelva a tener un cargo jerárquico es prácticamente sinónimo de default, cepos, controles extremos y potenciales riesgos expropiatorios.

 Esto se retroalimenta con afirmaciones doctrinarias como las que Cristina hizo en la contracumbre organizada por Clacso, en particular cuando se refirió a la necesidad de rediseñar los sistemas democráticos y terminar con la división de poderes. Un potencial retorno del kirchnerismo implicaría un “nuevo régimen político”, como afirmó el fin de semana pasado AMLO en su discurso de asunción en San Lázaro, sede del Congreso mexicano. ¿Qué otros componentes críticos incluiría la inevitable reforma constitucional que impulsaría Cristina? ¿Su reelección indefinida? Esta presunción toma más cuerpo por su cercanía con Evo Morales, que pretende entronizarse a pesar de los límites impuestos por su propia Constitución y hasta por el resultado de un plebiscito. El viejo concepto del “vamos por todo” parece más vigente que nunca, a pesar de que una remozada “yegua herbívora” pretenda seducir a los votantes afectados por la crisis económica. Por ahora, en todos los sondeos, incluyendo el monitor de opinión pública que mensualmente elaboro con D’Alessio-IROL, se verifica que al menos un 30% de la sociedad tiene una buena imagen de Cristina. Si bien su nivel de rechazo sigue siendo elevado, “la crisis económica va camino a agudizarse y eso ampliará nuestro electorado”, afirmaba confiado uno de sus lugartenientes.

 Melconian acaba de afirmar que la recuperación económica no llegará a tiempo para mejorar las expectativas electorales de Cambiemos. Al contrario, puede ocurrir que la naturaleza del proceso político la postergue. La “doctrina Dujovne” convertida en un bumerán: el riesgo político real sería una responsabilidad del propio Gobierno. En agosto de 2017 el panorama se complicó como consecuencia de que Cristina apareciera competitiva en las elecciones para senadora. Si en 2019 ocurre lo mismo en una elección presidencial, un terremoto financiero alteraría la dinámica política del proceso de sucesión presidencial mucho antes de las primarias: los mercados siempre se adelantan. El pánico derrumbaría los bonos y las acciones, impactando en la ya alicaída actividad económica. Es el peor escenario para Macri, que advertiría demasiado tarde el error de eternizar la polarización con el antiguo régimen.

 ¿Puede suceder lo contrario? Si Cristina no crece y Macri se afirma, mejoraría el valor de los activos y eso aceleraría la recuperación, incrementando las perspectivas de Cambiemos. Solo el optimismo que sobrevive en torno del Presidente puede hacer de esa vana ilusión un escenario electoral factible. La gran incógnita consiste en develar si Alternativa Federal será capaz de aprovechar el alto nivel de rechazo que tienen Macri y Cristina. ¿Cómo armar una estrategia suficientemente seductora y amplia para lograr el apoyo de un electorado desencantado, desconfiado y abatido por la crisis? Es un desfiladero angosto y sinuoso. Si conforma una oferta electoral competitiva y se presenta como opción a Cambiemos, parte del voto kirchnerista será esencial en la segunda vuelta. Si el oficialismo se desinfla y la gran final es contra CFK, deberá sacar a relucir sus componentes más moderados. Un galimatías que puede parecer demasiado hasta para los peronistas más experimentados.

Publicado por La Nación el 07/12/2018

Tres semanas cruciales para Macri

El gobierno de Mauricio Macri sabe el tiempo que se avecina. Cambió el optimismo banal por la moderación.

El Gobierno parece, a primera vista, no haberse dejado encandilar por el éxito de la Cumbre del Grupo de los 20. Mauricio Macri fue realista delante de la prensa. También con sus ministros. “Quedan meses difíciles”, auguró. “Los problemas no han desaparecido”, completó. Una señal alentadora, siempre que en su recorrido no sufra algún viraje.

 Aquel baño de realismo contó con el adicional de la ex canciller, Susana Malcorra. Conocedora de cómo suelen ser los procesos deacomodamiento en el mundo. Malcorra desmenuzó los resultados del G20 con ojos distintos. Subrayó que haber logrado la firma de un documento conjunto constituyó en sí mismo “un resultado positivo”. En especial por dos razones: las mutaciones políticas están a la orden del día, aún en las principales potencias; las últimas cumbres habían concluido sin consensos. El desafío será ahora poder sostenerlo.

La ex canciller puntualizó otra cosa. Que aún con la cantidad de reuniones bilaterales que mantuvo Macri y el excelente clima político que, en general, rodeó a la Cumbre “no habría que pensar en que rápidamente llegará una lluvia de inversiones”. Sobrevuela en tal apreciación la incertidumbre que derrama el año electoral.

Tal vez, la moderación del Presidente y de Cambiemos haya tenido relación con evaluaciones realizadas por distintas consultoras. Que en la Casa Rosada repasaron. Una de ellas, de D’Alessio IROL, marcó percepciones sociales interesantes. Una mayoría de argentinos (44%) señaló que el G20 no resolverá los problemas de la gente. Otro 40% estimó importante el encuentro y un 16% no opinó. La importancia, aunque revelaría la existencia de cierta expectativa, no se contrapondría necesariamente con aquellos que descreen sobre los efectos concretos de su realización.

 De todas formas, más allá de las consecuencias inmediatas fugaces que arroje la Cumbre pasada, pudo haber significado un freno a la sangría política y al derrumbe de las expectativas populares que viene sucediendo desde que en abril se desató la crisis financiera. Es muy poco, sin dudas. Pero le permitiría al Gobierno afrontar de otro modo el tránsito más delicado del año: el del último mes. Diciembre se ha convertido casi en karma desde la crisis del 2001. Cambiemos los ha sobrellevado más o menos bien (2015-16). Con excepción del año pasado. El debate sobre el cambio defórmula para el ajuste de remuneraciones de los jubilados detonó antes de fin de año una salvaje y recordada batahola callejera. Ese constituyó el punto de partida de la pérdida de capital político del Gobierno, que había amasado en las legislativas de octubre con una victoria clara. Desde entonces, no pareció recuperarse nunca más.

 Ni Cristina Fernández, en sus presuntos años de oro, se salvó de los mismos desvelos. Ya en 2012, apenas un año después del éxito reeleccionista con el 54%, se registraron incidentes y saqueos en cinco provincias, con dos muertos. Entre ellas figuró Buenos Aires. Escenas similares recrudecieron en 2013. El vandalismo social estuvo, en esa ocasión, acompañado por rebeliones de la Policía en cerca de 20 provincias. Se computaron 13 muertos. Buenos Aires y Córdoba, sobre todo, permanecieron en el foco.

Macri viene arrastrando desde mayo un boletín de malas noticias cotidianas. La alteración de ánimo resultó brusca. Reflejada por su propio discurso. El Presidente dijo en un reportaje por televisión en abril que el momento más feliz de su gestión había sido la comunicación del INDEC sobre una caída de 2,9% en el indice de pobreza. Semanas antes de la cumbre del G20 confesó que estaba atravesando los peores meses de su vida. Equiparables, a lo mejor, a cuando en 1991 fue secuestrado por una banda policial.

 El último mes del 2018 terminará de actualizar de nuevo los índices de pobreza. Que corresponderán al primer semestre de este año. Los últimos reflejaron el último tramo del 2017, cuando el Gobierno navegaba todavía el gradualismo económico. Las diferencias prometen ser notables porque impactará el primer tramo de esta crisis. Un informe de Unicef anticipó en las últimas horas un cuadro estremecedor. Sostiene que el 48% de los niños en la Argentina viven en situación de pobreza. No lo refiere sólo a los déficits en la alimentación. Menciona las falencias en educación, protección social y hábitat. Es decir, a una pobreza estructural que no se modificaría sólo con la mejora en los ingresos del grupo familiar.

Para peor, ningún experto está seguro de que la recesión esté cerca de su piso. Según el INDEC, tanto la industria como la construcción cayeron más de un 6% en octubre. Durante la cumbre del G20, la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, dijo que habría por delante aún tres o cuatro meses difíciles. La recuperación podría sobrevenir en el segundo trimestre del 2019.

Las precariedades sociales argentinas abarcan a toda la nación. Pero el centro de gravedad es, como siempre, Buenos Aires. El principal distrito electoral. El 38% del padrón nacional. Territorio de los sectores más vulnerables y fortín de la oposición kirchnerista. Sobre todo la tercera sección electoral. Se comprenden, entonces, las prevenciones de María Eugenia Vidal que no apuntan únicamente a su gobernabilidad. También a intentar preservar el proyecto de reelección de Macri.

La gobernadora anticipó un paquete de medidas tendiente a bajar la temperatura social. De un alcance que supera el bono de $ 5.000 concedido por el Gobierno nacional. Ese mismo bono lo aplicará a jubilados y pensionados bonaerenses que reciben las retribuciones mínimas. También adelantó el pago del aguinaldo para los empleados estatales. Actualizó además las sumas para los planes sociales de contención. Entre ellos, el llamado Más Vida que incluye a 300 mil beneficiarios. El Banco Provincia, durante este mes, mantendrá el descuento del 50% para las compras dehasta $ 1.500 en los supermercados. El agua posible para aplacar fuego.

La gobernadora, con una diestra martingala, garantizó otro pilar para su gobernabilidad. Logró tener el Presupuesto votado por la Legislatura provincial que prevé un endeudamiento de $ 68.500 millones. Imprescindible para funcionar, según el oficialismo. Destinado únicamente a pagar deuda, de acuerdo con la interpretación de sectores de la oposición. Lo cierto es que esa aprobación requería de los dos tercios de los votos. Que Vidal logró cosechar con el peronismo dialoguista y el massismo. Aunque el líder del Frente Renovador haya ordenado rechazar el resto del Presupuesto.

El Gobierno ingresa en tres semanas muy difíciles. Con el bálsamo que dejó el G20. Pero sin el optimismo banal del cual supo hacer gala en otras oportunidades. Macri eligió la prudencia. Aclaró que no hará más pronósticos económicos. Hace bien: varias veces se quemó con leche.

Publicado por Radio Mitre el 05/12/2018

Tres semanas cruciales para Macri

El Gobierno parece, a primera vista, no haberse dejado encandilar por el éxito de la Cumbre del Grupo de los 20. Mauricio Macri fue realista delante de la prensa. También con sus ministros. `Quedan meses difíciles`, auguró. `Los problemas no han desaparecido`, completó. Una señal alentadora, siempre que en su recorrido no sufra algún viraje.

 Aquel baño de realismo contó con el adicional de la ex canciller, Susana Malcorra. Conocedora de cómo suelen ser los procesos deacomodamiento en el mundo. Malcorra desmenuzó los resultados del G-20 con ojos distintos. Subrayó que haber logrado la firma de un documento conjunto constituyó en sí mismo `un resultado positivo`. En especial por dos razones: las mutaciones políticas están a la orden del día, aún en las principales potencias; las últimas Cumbres habían concluido sin consensos. El desafío será ahora poder sostenerlo.

 La ex canciller puntualizó otra cosa. Que aún con la cantidad de reuniones bilaterales que mantuvo Macri y el excelente clima político que, en general, rodeó a la Cumbre `no habría que pensar en que rápidamente llegará una lluvia de inversiones`. Sobrevuela en tal apreciación la incertidumbre que derrama el año electoral.

 Tal vez, la moderación del Presidente y de Cambiemos haya tenido relación con evaluaciones realizadas por distintas consultoras. Que en la Casa Rosada repasaron. Una de ellas, de D´Alessio IROL, marcó percepciones sociales interesantes. Una mayoría de argentinos (44%) señaló que el G-20 no resolverá los problemas de la gente. Otro 40% estimó importante el encuentro y un 16% no opinó. La importancia, aunque revelaría la existencia de cierta expectativa, no se contrapondría necesariamente con aquellos que descreen sobre los efectos concretos de su realización.

 De todas formas, más allá de las consecuencias inmediatas fugaces que arroje la Cumbre pasada, pudo haber significado un freno a la sangría política y al derrumbe de las expectativas populares que viene sucediendo desde que en abril se desató la crisis financiera. Es muy poco, sin dudas. Pero le permitiría al Gobierno afrontar de otro modo el tránsito más delicado del año: el del último mes. Diciembre se ha convertido casi en karma desde la crisis del 2001. Cambiemos los ha sobrellevado más o menos bien (2015-16). Con excepción del año pasado. El debate sobre el cambio defórmula para el ajuste de remuneraciones de los jubilados detonó antes de fin de año una salvaje y recordada batahola callejera. Ese constituyó el punto de partida de la pérdida de capital político del Gobierno, que había amasado en las legislativas de octubre con una victoria clara. Desde entonces, no pareció recuperarse nunca más.

 Ni Cristina Fernández, en sus presuntos años de oro, se salvó de los mismos desvelos. Ya en 2012, apenas un año después del éxito reeleccionista con el 54%, se registraron incidentes y saqueos en cinco provincias, con dos muertos. Entre ellas figuró Buenos Aires. Escenas similares recrudecieron en 2013. El vandalismo social estuvo, en esa ocasión, acompañado por rebeliones de la Policía en cerca de 20 provincias. Se computaron 13 muertos. Buenos Aires y Córdoba, sobre todo, permanecieron en el foco.

 Macri viene arrastrando desde mayo un boletín de malas noticias cotidianas. La alteración de ánimo resultó brusca. Reflejada por su propio discurso. El Presidente dijo en un reportaje por televisión en abril que el momento más feliz de su gestión había sido la comunicación del INDEC sobre una caída de 2,9% en el indice de pobreza. Semanas antes de la cumbre del G-20 confesó que estaba atravesando los peores meses de su vida. Equiparables, a lo mejor, a cuando en 1991 fue secuestrado por una banda policial.

 El último mes del 2018 terminará de actualizar de nuevo los índices de pobreza. Que corresponderán al primer semestre de este año. Los últimos reflejaron el último tramo del 2017, cuando el Gobierno navegaba todavía el gradualismo económico. Las diferencias prometen ser notables porque impactará el primer tramo de esta crisis. Un informe de Unicef anticipó en las últimas horas un cuadro estremecedor. Sostiene que el 48% de los niños en la Argentina viven en situación de pobreza. No lo refiere sólo a los déficits en la alimentación. Menciona las falencias en educación, protección social y hábitat. Es decir, a una pobreza estructural que no se modificaría sólo con la mejora en los ingresos del grupo familiar.

 Para peor, ningún experto está seguro de que la recesión esté cerca de su piso. Según el INDEC, tanto la industria como la construcción cayeron más de un 6% en octubre. Durante la cumbre del G-20, la titular del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, dijo que habría por delante aún tres o cuatro meses difíciles. La recuperación podrían sobrevenir en el segundo trimestre del 2019.

 Las precariedades sociales argentinas abarcan a toda la nación. Pero el centro de gravedad es, como siempre, Buenos Aires. El principal distrito electoral. El 38% del padrón nacional. Territorio de los sectores más vulnerables y fortín de la oposición kirchnerista. Sobre todo la tercera sección electoral. Se comprenden, entonces, las prevenciones de María Eugenia Vidal que no apuntan únicamente a su gobernabilidad. También a intentar preservar el proyecto de reelección de Macri.

 La gobernadora anticipó un paquete de medidas tendiente a bajar la temperatura social. De un alcance que supera el bono de $ 5.000 concedido por el Gobierno nacional. Ese mismo bono lo aplicará a jubilados y pensionados bonaerenses que reciben las retribuciones mínimas. También adelantó el pago del aguinaldo para los empleados estatales. Actualizó además las sumas para los planes sociales de contención. Entre ellos, el llamado Más Vida que incluye a 300 mil beneficiarios. El Banco Provincia, durante este mes, mantendrá el descuento del 50% para las compras dehasta $ 1.500 en los supermercados. El agua posible para aplacar fuego.

 La gobernadora, con una diestra martingala, garantizó otro pilar para su gobernabilidad. Logró tener el Presupuesto votado por la Legislatura provincial que prevé un endeudamiento de $ 68.500 millones. Imprescindible para funcionar, según el oficialismo. Destinado únicamente a pagar deuda, de acuerdo con la interpretación de sectores de la oposición. Lo cierto es que esa aprobación requería de los dos tercios de los votos. Que Vidal logró cosechar con el peronismo dialoguista y el massismo. Aunque el líder del Frente Renovador haya ordenado rechazar el resto del Presupuesto.

 El Gobierno ingresa en tres semanas muy difíciles. Con el bálsamo que dejó el G-20. Pero sin el optimismo banal del cual supo hacer gala en otras oportunidades. Macri eligió la prudencia. Aclaró que no hará más pronósticos económicos. Hace bien: varias veces se quemó con leche. El Gobierno sabe el tiempo que se avecina. Cambió el optimismo por la moderación. Presidente Mauricio Macri.

Publicado por Clarín el 05/12/2019

Las lágrimas del Presidente, catarsis nacional

La amplitud que tenemos para hacer amigos suele ser bastante mayor que la que exhibimos cuando vamos a comprar un auto usado.Se sobreentiende: a la hora de poner un billete sobre otro no hay afectos ni simpatías que valgan y las sospechas son muchas. Es el momento en que solo imperan las rígidas normas de las razones objetivas y la conveniencia.

 Algo de eso le viene sucediendo a Mauricio Macri desde el 10 de diciembre de 2015: no para de recibir palmaditas en la espalda y buenos deseos de los gobernantes más poderosos del mundo que lo alientan a sacar adelante el país que preside. Realmente lo desean. Y esas sensaciones se acaban de ratificar de manera descomunal en la impecable realización local del G-20.

 Sin embargo, siguiendo aquella imagen inicial, cuando Macri levanta el capot del auto que pretende vender aparecen las dudas. Pistonea demasiado el motor cuando se le exige seguridad jurídica, rentabilidad, una carga impositiva razonable, un sindicalismo menos petardista y más moderno, un mercado local con saludable capacidad de consumo y un horizonte electoral previsible.

 El peligro de un país tan ciclotímico, que en cuestión de días pasa de sentirse el peor del mundo por ser incapaz de tramitar con normalidad una final deportiva al estallido futbolero e hipernarcisista del “¡¡¡Ar-gen-ti-na!!!” coreado por artistas e invitados en la gala del Teatro Colón ante los principales líderes del planeta, es que tendemos a enamorarnos demasiado de “lo que somos capaces” sin atrevernos a remover de una vez las causas profundas que nos impiden transformarnos de verdad.

 Macri lloró al final del espectáculo en el Teatro Colón 00:59

Por no entender las razones profundas del conflicto con el campo, que no era un mero reclamo de ricos terratenientes, sino también de pequeños y medianos productores, un año más tarde, en 2009, las urnas humillaron al fundador del kirchnerismo, derrotado por ¡Francisco de Narváez!, que solo tenía humildes pergaminos en la política argentina y que aún con ese triunfo luego se diluyó.

 Dos sucesos trascendentes que tocaron distintas fibras -los fastos del Bicentenario primero y el funeral de Néstor Kirchner después- aseguraron el 54% con el que Cristina Kirchner, de riguroso luto y que facilitaba un consumo subsidiado a la larga inviable, consiguió ser reelegida. A partir de allí su fuerza perdió tres elecciones consecutivas (2013, 2015 y 2017).

 Jorge Asís, quien viene resultando un muy dudoso adivinador del futuro político argentino, aplica ahora aquel razonamiento de que un buen relato visual todo lo puede. Escribió en su Twitter hace unas horas: “El macrismo va a utilizar las postales del G-20 -con el llanto presidencial- para el relanzamiento similar al festejo del Bicentenario que en su momento aireó al kirchnerismo”. Y agregó en otro de sus telegramas virtuales: “Desde el beso de la señora Juliana en el debate con Scioli que no se registra un hallazgo escenográfico de semejante magnitud. Felicitaciones”.

 Más allá de la filosa ironía del exsecretario de Cultura del menemismo, el sismógrafo de emociones nacionales (ese que se movió con el “Estamos ganando”, durante la Guerra de Malvinas, o, apenas unos meses después, con el recitado del Preámbulo de la Constitución por parte de Raúl Alfonsín) registró en estas horas un nuevo temblor (del que, podría decirse, el verdadero del conurbano fue mera alegoría).

 Las redes sociales de Mauricio Macri y de la Casa Rosada se movieron como nunca con récord de posts (47, el jueves, y 73, el viernes) y transmisiones en vivo, lo que generó que se cuadruplicara su tráfico. Notable también fue el rating inusual de la gala por la TV Pública: 17 puntos (y eso que la transmitían al mismo tiempo varios canales y sitios en la web; TN llegó a picos de 7 puntos).

 Según un sondeo de D’Alessio Idol Berensztein, un 55% de los 837 encuestados en todo el país considera que la participación de Macri en el G-20 ha sido importante contra un 45% que cree que fue intrascendente. La grieta se nota en las muy distintas expectativas que genera la llegada deinversiones: para los votantes de Cambiemos se eleva a un 56%, pero para los seguidores de Cristina Kirchner se reduce apenas a un 8%. En la nube de palabras recolectada por Jorge Giacobbe & Asociados sobre 2500 encuestados las dos que más destacan son: “importante” y “oportunidad”. Aunque en menor dimensión, las palabras negativas que más se destacan son “innecesario” e “inútil”.

 La foto en Instagram en la que se veía a Macri y Juliana Awada informalmente sentados en la escalinata de la residencia presidencial de Olivos esperando al primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, fue la que obtuvo mayor cantidad de reacciones en el menor tiempo. La primera dama, en paralelo, fue otro foco de atención constante del periodismo y las audiencias en un plano más blando, conjugando la moda -también sumaron las acompañantes de los mandatarios extranjeros- y la cultura (con las visitas a Villa Ocampo y al Malba).

 Pero nada comparable con el “hit” impensado del G-20, el video récord que saltó del plano audiovisual y digital a las tapas de los diarios papel: la emoción del presidente Macri al término del espectáculo en el Teatro Colón.

 Sorprendieron sus lágrimas en un hombre habitualmente tan contenido en lo expresivo, pero resultaron pura catarsis no solo para él, sino también para buena parte del vasto público que lo vio en directo o en diferido. Tantas tensiones y malas noticias acumuladas por fin recibían un espaldarazo simbólico de enorme impacto. Importante: capitalizarlo, sí; engolosinarse, no.

 Volviendo a la metáfora del principio: en estos días, el Gobierno sometió a chapa y pintura los múltiples rayones y abolladuras que tenía el auto que pretende vender. Por fuera, ahora otra vez luce flamante. Es hora de ocuparse en serio del motor.

Publicado por La Nación  el 02/12/2018

Qué opinaron los argentinos sobre el G20 de un lado y del otro de la grieta

La división entre votantes de Cambiemos y del FPV se expuso una vez más en relación a la cumbre del G20 que se realizó este fin de semana en Buenos Aires.

 La cumbre de líderes del G20, que tuvo lugar este fin de semana en Buenos Aires, dejó mucha tela para cortar por tratarse de uno ed los eventos internacionales más importantes de historia argentina, tanto por la implicancia de este evento para el país, como por el movimiento que generó en la Ciudad en términos de seguridad. Las sensaciones que dejó entre los argentinos, no obstante, estuvo marcada una vez más por la grieta entre kirchnerismo y macrismo que divide a la población en los últimos años.

Frente al encuentro de los veinte líderes más influyentes del mundo, los argentinos opinaron sobre la cumbre en una encuesta online de la consultora de D’Alessio IROL- Berensztein, y los datos relevados muestran amplias diferencias en varios puntos entre simpatizantes de Cambiemos y del Frente Para la Victoria.

Un punto en el que hubo coincidencias de ambos lados fue la comunicación. Consultados en primer lugar sobre la percepción de si el país podría verse beneficiado o perjudicado por la cumbre, sólo 2 de cada 10 ciudadanos consultados se encuentra a gusto con la forma en la que se informaron los beneficios que genera un evento de este tipo para nuestro país.

 En relación a las principales sensaciones, hay una clara división: un 33% en promedio siente expectativas por la llegada de las inversiones. Pero ese porcentaje asciende al 56% entre votantes de Cambiemos y cae al 8% entre personas afines al kirchnerismo.

En la misma línea, un 30% se muestra “orgulloso” por recibir a los principales presidentes del mundo, sentimiento que supera un 50% entre los oficialistas y apenas llega a un 9% entre los opositores.

 En tanto, los votantes del FPV están más concentrados en los trastornos ocasionados por cortes en varias calles de la Ciudad de Buenos Aires (35%) y las complicaciones por la falta de transporte (37%).

 Un 46% opina que estuvieron bien comunicadas las restricciones al tránsito, con las zonas afectadas por los cortes y los accesos a la ciudad, y el funcionamiento del transporte público.

 Por otro lado, ante la pregunta de las implicancias de nuestro país, para el 44% de los argentinos la realización de esta reunión no resuelve los problemas de la gente. En un 70% adhieren a esta idea los votantes del FPV. Mientras tanto, el 66% de los partidarios de Cambiemos, lo considera importante para la Argentina.

 Según una encuesta, Trump, Xi Jinping y Merkel deberían ser las prioridades

 Frente al rol del presidente en la cumbre, el 55% de los encuestados cree que la participación del presidente Mauricio Macri en el G20 es importante, y se corresponde en un 84% por votantes de Cambiemos. Sin embargo, hay un 45% que opina que su participación es intrascendente.

 Respecto al beneficio que aportaría al país la cumbre, el 44% de los encuestados cree que Argentina no se verá perjudicada ni beneficiada. Mientras tanto, un 34% considera que será beneficiada en el mediano y largo plazo, siendo más optimistas los votantes de Cambiemos, contra un 17% que cree que saldrá perjudicada en el corto plazo, que se corresponde a votantes del FPV.

 Ante la pregunta de la participación de los líderes en el G20, el 29% considera como líder sobresaliente al presidente estadounidense Donald Trump. Este es seguido por Xi Jinping, el mandatario chino, con el 24%, y en tercer lugar está Vladimir Putin, con 15%.

Publicado por Perfil el 02/12/2018