Este es un tema que nos preocupa y nos ocupa en 𝘿’𝘼𝙡𝙚𝙨𝙨𝙞𝙤 𝙄𝙍𝙊𝙇.
Las empresas invierten, innovan, suman. Pero en nuestras investigaciones aparece cada vez más clara una brecha entre lo que ofrecen y lo que las personas necesitan y valoran.
Lo que más escuchamos es simple:
“𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘦𝘯”, “𝘯𝘰 𝘮𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦𝘯”.
Se ofrecen cosas que no se usan, que no se entienden o que no encajan en la vida cotidiana. Y así, la decisión termina siendo básica: la promoción.
Para los clientes, según un último sondeo que hicimos en 𝘿’𝘼𝙡𝙚𝙨𝙨𝙞𝙤 𝙄𝙍𝙊𝙇, si quienes toman decisiones tuvieran que vivir la experiencia real, el 𝟵𝟯% cree que aparecerían mejoras. El 𝟲𝟱% habla de fallas importantes hoy invisibles, el 𝟱𝟰% de procesos que deberían cambiar, y solo el 6% cree que serían detalles menores.
A la vez, el 𝟴𝟰% dice que entender mejor al cliente impactaría directamente en las ventas.
Tal vez el problema no sea la falta de tecnología, sino la distancia.
Y existe un camino que no es costoso, pero sí exige decisión. Requiere del acuerdo del CEO y de un esfuerzo personal de cada responsable: animarse a experimentar en primera persona lo que vive el cliente.
Solo así es posible entender de verdad.
Para que el cliente se sienta comprendido… y no termine eligiendo por precio.
En eso estamos.
Te dejo una pregunta ¿𝘊𝘶𝘢́𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘦𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘵𝘶𝘴 𝘤𝘭𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦𝘴 𝘳𝘦𝘢𝘭𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘩𝘢𝘯 𝘷𝘪𝘷𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘰𝘴 𝘶 𝘵𝘶𝘴 𝘦𝘲𝘶𝘪𝘱𝘰𝘴?








