Este es el patrón que observé en décadas de trabajo con empresas e instituciones.
La mayoría de las crisis no surge por lo inesperado.
Surge por 𝘀𝗲𝗻̃𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗯𝗮𝗻 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘆 𝗻𝗼 𝗳𝘂𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗹𝗲𝗶́𝗱𝗮𝘀 𝗮 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼.
Nadie las priorizó.
Nadie actuó a tiempo. Hoy este riesgo es mayor que nunca. Según nuestro último 𝗠𝗼𝗻𝗶𝘁𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗖𝗹𝗶𝗺𝗮 𝗣𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗦𝗼𝗰𝗶𝗮𝗹 (𝗗’𝗔𝗹𝗲𝘀𝘀𝗶𝗼 𝗜𝗥𝗢𝗟 – 𝗕𝗲𝗿𝗲𝗻𝘀𝘇𝘁𝗲𝗶𝗻):
• 𝟱𝟱% se siente angustiado.
• 𝟳𝟯% siente que las marcas no compensan su lealtad.
Es una sociedad con menor tolerancia emocional y mayor sensibilidad frente a las decisiones de las organizaciones. Y este clima también entra a las empresas.
Muchos equipos creen que, si la organización tropieza, 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝘀𝗽𝗶𝗱𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗿𝗮́𝗻 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗽𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮.
Cuando esa expectativa aparece, la organización se vuelve más frágil.
Porque las crisis no solo ocurren más rápido.
Escalan más rápido.
Por eso, el liderazgo no se define en la crisis.
Se define antes.
Prepararse implica:
• escuchar señales tempranas,
• identificar riesgos plausibles,
• definir roles y protocolos,
• trabajar escenarios antes de que ocurran.
A lo largo de las distintas subidas y bajadas del país aprendí una lección central:
𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗿𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻 𝗲𝗹 𝗱𝗶́𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝗽𝗮𝗿𝗲𝗰𝗲𝗻.
𝗦𝗲 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼𝗻𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗮 𝗼𝗿𝗴𝗮𝗻𝗶𝘇𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗵𝗶𝘇𝗼 -𝗼 𝗻𝗼 𝗵𝗶𝘇𝗼- 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀.










Se construyen en silencio, a partir de alertas pequeñas que se subestiman, se naturalizan o se postergan.En la experiencia de 𝗘𝗱𝘂𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗗’𝗔𝗹𝗲𝘀𝘀𝗶𝗼, trabajando durante décadas en resolución de crisis reputacionales, hay una constante clara:
👉 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗿𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗺𝗮́𝘀 𝗰𝗼𝘀𝘁𝗼𝘀𝗮𝘀 𝗻𝗼 𝗳𝘂𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗽𝗼𝗿 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝘀𝗶𝗻𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗳𝗮𝗹𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝗽𝗹𝗮𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻.Cuando la crisis se vuelve visible, 𝗲𝗹 𝟴𝟬% 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗯𝗮𝘁𝗮𝗹𝗹𝗮 𝗿𝗲𝗽𝘂𝘁𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮́ 𝗲𝗻 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼.
Las crisis son como los incendios: la diferencia entre una anécdota y una catástrofe está en la 𝗽𝗿𝗲𝗽𝗮𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗼𝗿𝗱𝗶𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗿𝗲𝘃𝗶𝗮.
Hoy, además, las organizaciones están más expuestas que nunca.
Un comentario en redes, un conflicto interno, un proveedor en problemas o una mala decisión comunicacional pueden escalar en cuestión de horas.
Por eso, la verdadera prevención 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝗿𝗲𝗮𝗰𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿 𝗿𝗮́𝗽𝗶𝗱𝗼, sino 𝗱𝗲𝘁𝗲𝗰𝘁𝗮𝗿 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀.
Leer correctamente las señales, integrarlas en un sistema y transformarlas en decisiones.
Porque la reputación no se protege cuando estalla el conflicto.
𝗦𝗲 𝗽𝗿𝗼𝘁𝗲𝗴𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀.